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Escrito por en mar 2018 en Blog | 0 comentarios

ESE ABRAZO QUE DAS A TU NIÑA INTERIOR …

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A mi yo del presente:

Escribirte esta carta no me está resultando nada fácil. Quisiera decirte tantas cosas y, al mismo tiempo, desearía no tener que decirte nada.

Si estoy haciendo esto es porque te conozco desde hace muchos años y ya he andado por el mismo camino que estás recorriendo tú ahora. Recuerdo cada piedra, cada tronco o muro que te encontrarás en él pero, también, cómo los fui superando. No te diré que ahora mi vida es un cuento de hadas ni que los problemas que te atormentan han dejado de existir, te estaría mintiendo, me estaría mintiendo. El caso es que siguen ahí, sólo que he aprendido a ignorarlos, ya no siguen dominando mi vida y, si aparece de nuevo la sombra de alguno, pronto enciendo la luz. También, han surgido problemas nuevos, la ventaja que tengo es que superar los antiguos me ha hecho más fuerte, no te imaginas cuánto.

Ahora mismo sé que piensas que nunca lograrás vencer tus miedos, que toda tu vida tendrás que soportar esta tortura autoimpuesta y que siempre tendrás que cargar con una mochila llena de decepciones. Sin embargo, también sé que estás cansada, reconócelo. Veo esas ojeras enfermizas debajo de tus ojos, observo como caes rendida en la cama y, sin embargo, las sombras que te rodean aprovechan la soledad de la noche para meterse en tu cabeza y seguir martirizándote. A mí no me engañas con esa sonrisa que esconde lágrimas estancadas, presas con el único propósito de dar a entender que todo marcha bien.

Aprovecha ese cansancio para comenzar a luchar, utiliza tu cabezonería (ambas sabemos que no es poca) y tu fuerza para no darte por vencida y dedica toda tu valentía para superarlo. A pesar de que ahora mismo no reconozcas que tienes estas cualidades, te prometo que están ahí. El día que comiences a valorarte y a confiar en ti te comerás el mundo.

No olvides dejarte ayudar, solos no podemos saltar los muros que son demasiado altos. Confía en aquellos que te ofrecen su mano para ayudarte a saltar, apóyate en ellos y hazlo. Cuando tus ojos no son capaces de ver debes dejar que sean los de otros los que te guíen. Sé que no quieres hablar sobre ciertas situaciones, que te superan y lo entiendo. Conozco ese nudo en la garganta, esa falta de aire y esa presión en el pecho cuando aquello que creías olvidado se deja ver de nuevo, advirtiendo que sigue ahí. Pero te puedo asegurar que hablar de ello hará que puedas avanzar; ahora mismo todo lo que tienes encerrado a cal y canto pesa tanto que te impide seguir caminando.

Te conozco, sé que estás pensando que esto es sólo otro de los muchos sermones que has recibido a lo largo de los últimos años. La diferencia es que yo he estado ahí, he experimentado todo lo que tú ahora mismo estás sintiendo y sé lo difícil que es cumplir con todo lo que te estoy pidiendo, y eso, que todavía no he profundizado en el tema de la comida. Lo he dejado para el final porque sé que te pone nerviosa hablar de ello y quería que primero atendieras a lo demás.

Yo también he sentido esas ganas de arrancarte la piel cuando un día te miras en el espejo. Mirar el reflejo de tu cuerpo y no reconocerte. Medirte las piernas, los brazos, palpar tus costillas para asegurarte de que todavía siguen sobresaliendo y volverte a mirar en el espejo. Yo también he odiado los fines de semana: comer, pasarte horas frente al váter, destrozarte la garganta, acabar dormida en el suelo del baño agotada. Esa maldita obsesión te devora por dentro, no te deja ser feliz, pero, al mismo tiempo, no puedes dejarla marchar. Tu miedo a engordar es superior a todo, reconócelo, está por encima de cualquier cosa. Crees que controlas tu vida pero no es así, en el fondo sabes que es este fantasma quien mueve los hilos de tu cuerpo. Pero esos hilos no son de titanio, puedes cortarlos.

Te ha tocado vivir esto pero todo pasa por algo. Mírate, gracias a ello has madurado y crecido, te has convertido en una persona más empática, no juzgas a los demás, tienes una mente más abierta, has aprendido tantas cosas…No te arrepientas de haber caído en esto, no te avergüences de ello, tampoco te culpes; deja de pensar que te lo mereces. En tu mano está superarlo y quedarte con todo lo positivo que te ha dejado esta experiencia.

 

 

De tu yo del futuro.

 

 

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