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Publicado por en sep 2014 en Blog | No hay comentarios

MITOS SOBRE LA SEXUALIDAD EN PREADOLESCENTES

MITOS SOBRE LA SEXUALIDAD EN PREADOLESCENTES

Este artículo lo puedes leer en aprox.: 18 minutes

 

La falta de naturalidad por los adultos en abordar la sexualidad como un aspecto crucial del desarrollo físico, psíquico y emocional, en el proceso de crecimiento y formación como persona, proyecta sobre los adolescentes buena parte de las connotaciones de morbo, ocultación, malos entendidos e ideas falsas en las que fueron educados sus padres décadas atrás.

Sin embargo, a diferencia de las generaciones precedentes, los jóvenes actuales tienen mucho más acceso a contenidos y manifestaciones sexuales o relacionadas con la sexualidad, y ese aparente clima de “libertad” o de “normalidad”, sin una formación adecuada, les hace, muchas veces, confundir y mezclar mensajes, valores, actitudes y pautas que dificultan su adecuado desarrollo personal en lugar de ayudar al mismo.

El silencio y la falta de una adecuada educación sexual en la familia y en la escuela no van a impedir que los preadolescentes sientan los impulsos sexuales y se preocupen por estas cuestiones. Con lo que la falta de información correcta la suplen con “desinformaciones” de amigos, lecturas y medios de comunicación no siempre apropiados.

Eso prolonga la pervivencia y la reproducción entre los jóvenes de “mitos” o ideas falsas, mezcla de desinformación, creencias, leyendas y modelos nada asépticos sobre su propia sexualidad y sobre las relaciones sexuales con los demás.

Los mitos sobre la sexualidad son hoy, por lo tanto, de dos tipos:

Unos son pervivencias de la herencia cultural y la desinformación transmitidas y reproducidas a través de generaciones, con gran peso de concepciones ideológicas, religiosas y sociales arraigadas desde tiempo atrás, como los mitos de la virginidad, del machismo, de la inapetencia de la mujer y su sumisión al placer sexual masculino, del rechazo de la homosexualidad, etc.

Otros, en cambio, se han generado o se han reforzado en épocas recientes, propagados por la publicidad y los medios de comunicación, como el de los modelos de belleza como factor de realización personal, el “éxito” social y económico ligado a la satisfacción sexual y la felicidad, el sexo puramente físico desligado de emociones, etc. Sin perjuicio de que algunos –como el machismo- puedan adscribirse a ambas categorías.

Tras diversas charlas y actividades con jóvenes de 3º de ESO, hemos podido recopilar hasta 120 preguntas que se repiten con mayor frecuencia. La mitad aproximadamente se refieren a aspectos más fisiológicos, como embarazo o contracepción, o a enfermedades de transmisión sexual. Pero la otra mitad gira en torno a ciertos aspectos que podríamos denominar “mitos” en torno a la sexualidad que reflejan no sólo una falta de información precisa, que es previsible a esa edad, sino, sobre todo, una información sesgada o errónea, basada en que los jóvenes tienen asimilados, sin ser conscientes de ellos, ciertos modelos o creencias que consideran ciertos y que deben empeñarse en alcanzar. En algunos casos, ello puede generar unas expectativas imposibles o difíciles de realizar, con la consiguiente frustración, culpabilización o baja autoestima si no las ven satisfechas.

Por el número y por la variedad de cuestiones en torno a él, el mito de una pretendida “relación sexual ideal” parece estar muy arraigado. En el sentido de creer que hay unos patrones o pautas bien determinados que son los que permiten “hacerlo bien” y, si no se hace así, fracasar. Como derivación de este mito, también les preocupa el de “la primera vez”, sobre la que edifican y construyen una serie de interrogantes y expectativas, en buena parte motivada por esa creencia previa de que la relación sexual ideal ha de ser de una manera determinada y precisa, con lo que su desconocimiento sobre ella, junto a su falta de práctica, les produce la ansiedad de “quedar mal” con la otra o las otras personas. Por eso, las cuestiones sobre la virginidad no son –como hace unas décadas- en cuanto a un valor que preocupa conservar, sino como síntoma de inexperiencia. Como reverso de esa “relación sexual ideal”, surgen cuestiones en torno a la masturbación u otras prácticas que no encajan en aquel patrón ideal.

Por ello, pensamos que cualquier aproximación a la sexualidad dirigida a preadolescentes, en la escuela, en la familia o en la consulta, ha de partir de una premisa y dirigirse a un objetivo. La premisa es enfocar la sexualidad como un desarrollo personal con su triple vertiente, física, emocional y afectiva. El objetivo es desvelar las trampas que encierran tales mitos y facilitar una información veraz que corrija y complete la que puedan poseer y adquirir en el curriculum escolar.

En ese marco, nos parece importante insistir en ciertas ideas en torno a tres grandes cuestiones. La primera, que la sexualidad es una faceta o aspecto del crecimiento personal. La segunda, que no existe un único modelo de relación sexual ideal. La tercera, que tanto creencias ancestrales como mensajes modernos de la publicidad y de los medios de comunicación tienden ciertas trampas o mitos en torno a la sexualidad que inciden especialmente en los preadolescentes. Aunque tales ideas puedan parecer obvias, nuestra experiencia con jóvenes de esas edades revela que es necesario insistir en ellas, e incluso que chocan en ocasiones con lo que creen “saber”. Por eso, sin afán de penetrar hondamente en cada una de ellas, merece la pena enumerarlas.

I. LA SEXUALIDAD ES PARTE DEL DESARROLLO PERSONAL

Diversas ideas pueden trabajarse en relación con esta cuestión, como las siguientes

  1. El sexo no es vergonzoso. Todos lo tenemos y a todos nos interesa.

Lo primero que percibimos de una persona es su sexo (masculino ó femenino) pero éste significa una identidad y un proceso de construcción personal que no se limita a los genitales, ni al resultado de unos cromosomas. Por ello, lo sexual no debe ocultarse ni silenciarse como si no existiera, pues estaríamos mutilando una dimensión de la persona.

2. Entender el ritmo de maduración y las actitudes diferentes del otro sexo.

De niños no cuesta mucho asimilar las diferencias orgánicas. Es más difícil, en la preadolescencia, apreciar y aceptar la diferente evolución de ambos sexos y sus diferentes etapas y momentos. Es fundamental, en esa edad, evitar estereotipos como: “no hay quien entienda a las mujeres” o “qué simples son los hombres”. Hay dos sexos, pero cada persona se construye, se hace a sí misma de una única e irrepetible manera dentro de cada uno de los géneros; del masculino o del femenino.

3. No caer en la trampa de los modelos físicos de belleza.

Si cada uno se desarrolla a su propio ritmo, también en lo físico cada cual va formándose con sus características propias. Cada persona, con su propia fisonomía, puede desplegar atributos de belleza y atractivo sexual más allá de la mera apariencia exterior. El atractivo sexual no es resultado sólo del aspecto físico. Conocemos actores y actrices, deportistas, artistas que, siendo “feos”, transmiten y despiertan interés sexual. Si uno se acepta y se gusta, lo transmitirá y gustará a los demás.

4. Conocerse, aceptarse y aceptar al otro.

Como en los demás aspectos de la vida, también en la dimensión sexual esto es fundamental para crecer y construirse como persona. Para ello son básicos algunos criterios de salud emocional:

  • Sólo nos satisface y nos gratifica lo que es deseado por nosotros mismos, no lo que se nos impone socialmente ni por otros.
  • Salvar siempre nuestra capacidad de decisión personal y respetar la de los demás.
  • La relación con otras personas es mucho más plena y gratificante cuando se basa en el intercambio y en la satisfacción mutua, no cuando sólo busca satisfacer mi placer personal olvidándome de los demás.

5. La preadolescencia registra grandes cambios físicos y hormonales y frecuentes altibajos emocionales.

Es la edad del descubrimiento propio y de los demás, con desorientaciones, inquietudes, cambios de humor y rebeldía. Incluso con etapas de indefinición en la orientación del deseo sexual hacia el propio sexo y hacia el otro. Eso es normal y no debe preocupar si se pasan momentos de dudas, euforias, tristezas, de atracción hacia personas de ambos sexosoincluso de rechazos hacia alguno de ellos.

Como los factores físicos (pelo, pechos, etc.), los primeros impulsos sexuales sorprenden al preadolescente, y ha de familiarizarse con ellos, como con su propio cuerpo, y aceptarse conforme van definiéndose sus caracteres y tendencias.

6. Cada joven lleva su propio ritmo de maduración.

Tanto en lo físico como en lo psíquico, lo sexual y lo emocional. Por ello, cada uno “despierta” o se inicia en momentos distintos, siendo lo importante que vaya teniendo sus primeros intercambios y experiencias a medida que sienta que está preparado para ello y para entender y aceptar sus consecuencias. Tan frustrante puede ser que los adelante o precipite porque lo digan sus amigos, porque le insistan otras personas o que los retrase en exceso por miedo a “quedar mal”, por represiones familiares o del entorno.

No hay experiencia sexual gratificante si no es asumida por cada uno, y si no se sabe bien qué es lo que se quiere. Aunque la curiosidad por experimentar sea un aliciente, vale la pena saber hasta dónde se quiere llegar, sin dejarse llevar porque otras personas lo pidan. Tardar más o menos que los amigos/as en haber besado o en estar con alguien, no significa ser mejor ni peor, ni mayor ni más listo, como tampoco haber crecido o haberse desarrollado físicamente antes o después que ellos/as.

7. Sin libertad y responsabilidad no hay maduración.

Cada uno ha de tener la información necesaria y adecuada para vivir su desarrollo y saber manejarse. Cuando se les presenten las primeras ocasiones de intercambios sexuales, normalmente no estarán acompañados de alguien que en ese momento pueda orientarles, ni amigos, ni adultos, ni nadie. Son ellos solos quienes han de decidir lo que quieren hacer, y para eso han de contar con la formación adecuada para que no sea una decisión caprichosa, atolondrada, ni timorata, sino plenamente responsable y consciente.

II. NO EXISTE UN MODELO DE “RELACIÓN SEXUAL IDEAL”

Aun con niveles muy dispares en los conocimientos previos y en la complejidad de sus preguntas, muchas de ellas desvelan que los jóvenes presuponen, como relación sexual ideal, una relación de pareja, heterosexual, con penetración, en la que ambos alcanzan el orgasmo simultáneamente. Es decir, tienen un patrón o modelo de relación. Ése es, desde luego, el modelo mayoritario que transmiten el cine, las lecturas, internet… aunque los protagonistas acaben de conocerse, y es lo que provoca en los jóvenes su “angustia” ante la duda de si “quedarán bien” en su primera relación.

1. No hay un modelo de relación sexual que sea ideal para todos.

Cada persona desarrolla y explora su sexualidad de la forma que le resulte más satisfactoria, y lo que para unos resulta muy placentero a otros les produce un grado distinto de satisfacción, o incluso no les atrae. Lo importante es que cada uno se conozca y sepa lo que le gusta. Y cuando esté con otras personas, que sepa apreciar y respetar lo que a ellas les guste, logrando así un mejor intercambio sexual.

2. La satisfacción y el placer no se alcanzan siempre de la misma manera, ni siquiera para la misma persona.

Aunque cada cual tenga unas preferencias, los momentos, las personas con que se relaciona, su estado físico o emocional pueden llevarle a preferir otras prácticas que en esas circunstancias concretas le producen mayor satisfacción que las que habitualmente se la provocan.

3. No hay prácticas sexuales mejores ni peores, siempre que sean libres y asumidas voluntariamente.

Para unos, será una relación homosexual, para otros, heterosexual, para otros compartida con otras personas, y cada cual tiene derecho, respetando a los demás, a vivir su sexualidad conforme le resulte más satisfactoria.

4. No existe una única respuesta válida a muchas de las preguntas de los jóvenes.

Las respuestas varían de unas personas a otras, pero también de una relación a otra e incluso, entre las mismas personas, de un momento a otro, sin que ni siquiera uno mismo pueda adivinar qué le va a apetecer en otra ocasión o con otra persona.

5. La relación sexual no se reduce al coito.

La sexualidad y la relación sexual involucra a todo el cuerpo, además de a nuestra psique y hasta nuestros afectos. Sólo de una manera progresiva se puede ir conociéndolo, descubriendo sus zonas erógenas, si me excita más acariciar o que me acaricien, si me estimulan más la vista, los olores, el tacto, un recuerdo o un ambiente, u otros factores, sin centrarlo todo exclusivamente en la zona genital.

Cuanto mejor conozcamos nuestro cuerpo y sus reacciones, más rica será nuestra sexualidad, mejor podremos orientar a quien está con nosotros, obtendremos más placer y estaremos en condiciones de poderlo proporcionar a las personas con quienes mantenemos relaciones sexuales.

6. No hay una primera vez, sino muchas primeras veces.

Los primeros besos, las primeras caricias propias o por otras personas, los primeros tocamientos o masturbaciones, los primeros coitos. Cada uno de esos momentos son exploraciones de uno mismo y de las personas con que nos relacionamos mediante las cuales vamos descubriendo nuestra sexualidad y la de los demás y podemos ir aumentando nuestro grado de satisfacción y placer.

Lo fundamental es ir desarrollando esas prácticas a medida que nos sentimos seguros de desearlas y con las personas con las que queremos realizarlas, y no por imposición o por ceder ante otros, o para evitar que nos llamen “estrecha” o “inexperto”. En suma, no debe caerse en el mito o la trampa de “la primera vez” pensando sólo en el coito, y como si fuera un examen en el que hay que sacar nota.

7. La comunicación y la sinceridad mejoran el intercambio sexual.

No sólo en las primeras experiencias, también a lo largo de la vida, aunque sea una relación duradera y creamos saberlo ya todo de la otra persona. Comentar qué nos ha gustado más o menos a cada uno nos dará más seguridad, “habilidad” y placer mutuo en las próximas ocasiones. Por eso, debe rechazarse el mito de que en las relaciones heterosexuales las mujeres pueden fingir satisfacción para contentar al hombre. Si alguna lo hace, no debe tomarse como una “ventaja” de ella, pues no es más que una forma de engañarlo a él y a ella misma, en lugar de abordarlo con sinceridad y naturalidad para buscar maneras más satisfactorias otras veces.

Puesto que no hay un patrón de relación sexual ideal, sólo mediante la comunicación sincera es posible conocerse, también en el aspecto sexual, y saber lo que en cada momento pueda apetecer o esperarse de la otra persona y lo que espera de nuestra parte.

8. Las frustraciones, desengaños y temores se generan por malas experiencias o falsas expectativas.

Una mala experiencia, como acceder a relaciones no verdaderamente deseadas, o, desde luego, si nos fuerzan a ellas, no sólo conllevará sensaciones muy desagradables, sino que incluso pueden deteriorar nuestro desarrollo sexual, generando temores o rechazos. Asimismo, la ansiedad por “quedar bien” o aparentar una soltura y experiencia con que no se cuenta puede provocar no sólo una relación insatisfactoria, sino que nos bloquee para otras o nos haga creernos incapaces de ella. Quienes quemando etapas quieren en sus primeras experiencias llegar a la penetración pueden vivirlo incluso como doloroso o desagradable, sobre todo si hay mucha diferencia de experiencia y no se ha procurado el acompasarse mutuamente a los ritmos y los deseos de la otra persona.

Sólo si desarrollamos nuestra sexualidad conforme a nuestro propio ritmo de maduración, salvando siempre nuestra libertad y capacidad de decisión, y con una adecuada comunicación con los demás, pueden evitarse frustraciones.

III. LOS MITOS-TRAMPA: EROTIZACIÓN DE PREADOLESCENTES

1. Desde niños nos bombardean con modelos sexuales.

La ropa, los juguetes, las películas, los anuncios, los dibujos animados y otros productos para la niñez (en torno a los 5 años) ya empiezan a hacer énfasis en los atributos eróticos, sobre todo de las niñas, y en el rendimiento que se le puede sacar al atractivo sexual. Las niñas se empeñan en tener tipos esculturales, bailar como gogós, vestir ‘tops’ y minifaldas que dejen su ombligo al aire, y se preocupan por cuándo sus padres les dejarán hacerse un tatuaje, un ‘piercing’ o incluso –de adolescentes- un aumento de mamas o de labios para volver locos a los chicos. Éstos, por su parte, han de ser fuertes, seguros y “conquistadores”. La sexualidad se convierte en un aspecto fundamental a esta edad.

La adolescencia se adelanta artificialmente. La maduración física, psicológica y social deben ir juntas, pero sólo se atiende a la primera como importante sexualmente. Así, aparte de estar robando la infancia a los niños, estas pautas ejercen una influencia nefasta en la formación de la identidad personal, sobre todo de las chicas y de sus expectativas vitales como mujeres.

2. Los modelos de belleza provocan rechazo del propio cuerpo.

El modelo de chica a seguir en la actualidad es alta, delgada y dotada de unos pechos demasiado abundantes para esa constitución, algo casi imposible, porque la mama se compone en un 90% por tejido graso y sólo un 10% es la glándula mamaria. El modelo de chico es, musculoso, alto, fuerte, muy cuidado y con aire de triunfador.

Sin embargo, hay que saber que el cuerpo de los preadolescentes almacena grasa para hacer frente al estirón y al desarrollo, por lo que tienen bastantes posibilidades de creer que están gordos, algo que se ha convertido en un defecto capital.

Se exigen a sí mismos lo que no les importa tanto en los demás. Los adolescentes se autoexigen un aspecto físico ya adulto que sólo alcanzarán, en algunos casos, tras acabar el crecimiento.

3. Perseguir el modelo de belleza genera trastornos físicos y psíquicos.

Querer adecuar el cuerpo al modelo de belleza está provocando obsesión por la alimentación, las dietas y el ejercicio físico, que empiezan a llevarse a cabo a edades cada vez más tempranas. Junto a la anorexia, la bulimia y otros trastornos alimentarios se observan otros problemas que conllevan mucho riesgo. Una restricción dietética severa puede alterar gravemente los niveles de potasio y derivar en una parada cardíaca. O no alimentarse bien, por ejemplo, en el desayuno, disminuye el rendimiento físico e intelectual, la atención y otras capacidades necesarias para seguir las clases, generando una fatiga permanente.

Por otra parte, erigir el aspecto físico en el eje de la autoestima y superación personal conlleva frecuentes complejos y otros problemas psíquicos graves. Según los especialistas, el hecho de no alcanzar esos objetivos que se proponen provoca insatisfacción, ansiedad y depresión o actitudes depresivas a edades cada vez más tempranas. Además, favorece que se descuiden otras habilidades y áreas del desarrollo intelectual y personal, perdiendo interés por actividades como hacer deporte, leer, estudiar o desarrollar facetas y aficiones artísticas.

Los estímulos sexualizadores y algunos de los modelos de belleza que se propagan reducen a las mujeres a objetos de atractivo sexual,lo que pone en riesgo su desarrollo físico adecuado y condiciona su desarrollo personal, mermando su libertad de pensamiento y de evolución. En los varones puede aparecer frustración y baja autoestima si no se sienten atractivos, lo que les hace depender, en buena parte, de su aspecto físico.

4. Esos modelos reafirman el machismo, que se asume inconscientemente.

A través de los medios de comunicación y de ciertos programas de televisión, se transmiten unos modelos de pareja basados en el atractivo sexual, la posesión, los celos, el engaño, los cotilleos, los juicios, la intromisión en la vida privada de los demás sin ningún tipo de pudor…

Se van forjando así relaciones basadas en la falta de respeto, la incomunicación, actitudes agresivas y violentas. Se potencian los comportamientos machistas elogiando una cierta “chulería” en los chicos y calificando de poco “femenina” a las mujeres que se comportan con seguridad, firmeza y decisión.

Son modelos erróneos que hay que revisar con nuestros hijos para erradicar el machismo y las falsas actitudes.

¿Qué valoran realmente los jóvenes?, ¿Cuáles son sus ideas y creencias más profundas?, ¿Saben elegir desde la libertad sin sentirse coaccionados?, ¿Sabemos, como padres, qué es lo que les preocupa y lo que les hace sentirse bien?, ¿Creen que son valiosos sólo por su físico y su atractivo sexual o les ayudamos a descubrir “otros valores” y a afianzar su autoestima?

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