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Publicado por en jun 2014 en Blog | No hay comentarios

OBESIDAD INFANTIL

OBESIDAD INFANTIL

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El número de casos de sobrepeso y obesidad infantil ha tenido un incremento dramático en las últimas tres décadas y se ha convertido en uno de los problemas de salud de mayor relevancia, no sólo en nuestro país, sino a nivel mundial. Este progresivo incremento de casos, sobre todo en las sociedades occidentales, adquiere proporciones epidémicas y se considera un problema sanitario de gran trascendencia. Concretamente en nuestro país, el número de casos, tanto de sobrepeso como de obesidad infantil, está entre los más altos de los países Europeos tal y como indica un estudio realizado por el grupo de expertos en obesidad infantil “International Obesity Taskforce” (IOTF). Este estudio muestra que el porcentaje de niños en edad escolar de 7 a 11 años que sufren sobrepeso u obesidad sobrepasa el 30% (15% afectados de obesidad y el 20% de sobrepeso).

Sobrepasar el peso establecido como saludable acarrea un importante riesgo para la salud, tanto a corto como a largo plazo. Entre los problemas asociados que podemos encontrar destacan el aumento de la probabilidad de padecer diabetes tipo II, problemas cardiovasculares, hipertensión, trastornos del sueño, así como problemas sociales tales como discriminación, burlas y mayores dificultades a la hora de conciliar la vida social y de establecer relaciones con los iguales, pudiendo ser estas escasas o poco adaptativas.

Comórbidos a la obesidad, podemos encontrar también problemas psicológicos. Entre las variables  psicopatológicas que más frecuentemente se han asociado con la obesidad están: la ansiedad, depresión, baja autoestima e insatisfacción corporal. Hay estudios que muestran un nivel de motivación por debajo de la media en niños obesos. Los adolescentes obesos presentan una falta de intereses personales en sus vidas, un mayor nivel de frustración, una falta de  disciplina a la hora de intentar lograr sus metas además de una baja autoestima y una insatisfacción corporal importante. Con todo esto, Aguilar et al. (2012) destacan que las alteraciones en la nutrición, bien sean por defecto o por exceso, suponen un factor de riego para un adecuado desarrollo psicológico en cualquier rango de edad pero siendo la adolescencia el período más sensible. Además de todo esto, numerosos estudios demuestran que el sobrepeso y la obesidad infantil están estrechamente relacionados con el sobrepeso y la obesidad en la vida adulta y esto incrementa el riesgo de mortalidad. En el trabajo de Sun et al. (2002), los autores realizaron un estudio longitudinal y encontraron que un valor alto en el Índice de Masa Corporal (IMC) en la infancia y la adolescencia es un importante factor de riesgo para la presencia de sobrepeso y obesidad en la vida adulta. Otros estudios, han demostrado también que el IMC mantiene una relación positiva con el riesgo de padecer muerte prematura. Ante esta situación, son numerosos los debates y estudios que se están desarrollando para intervenir sobre esta problemática. Realizar un correcto diagnóstico y trabajar con niños obesos debe involucrar tanto los niveles de promoción como la prevención y el tratamiento de esta patología.

La obesidad se define como una enfermedad caracterizada por un exceso de grasa corporal. En función de esta definición, podríamos considerar como obesos a aquellas personas que presentan un porcentaje de grasa por encima del valor considerado normal. El IMC es el índice utilizado por la mayoría de estudios epidemiológicos y el recomendado por diferentes sociedades médicas y organizaciones de salud internacionales para el uso clínico en población adulta dada su reproductibilidad, facilidad de utilización y capacidad de reflejar la adiposidad en la mayoría de la población. Este índice relaciona la masa y la altura de las personas. Se obtiene al dividir el peso (en kg) entre la altura (en metros) al cuadrado (IMC=Kg/altura²).

La obesidad infantil se ha convertido en una alarma entre los profesionales médicos, investigadores de la salud y sociedad en general, por ello es necesario que se estudien y se controlen las tendencias de estos niños y jóvenes más específicamente. Actualmente disponemos de una definición estándar y aceptada de los conceptos de sobrepeso y obesidad infantil a nivel mundial. Para definir los valores de estos conceptos en la población infantil y juvenil se han de considerar diferentes aspectos ya que estamos hablando de un periodo de edad donde los cuerpos de los niños están en pleno desarrollo y crecimiento, por tanto la relación entre peso y altura de éstos es variable y sufre modificaciones hasta que culmina su desarrollo físico. Los métodos más  utilizados para establecer los valores de corte de sobrepeso y obesidad en la población infantil son las tablas de percentiles. Cole, Bellizzi, Flegal y Dietz (2000) realizaron un estudio para definir estos puntos de corte con una muestra formada por casi 200.000 niños y jóvenes de hasta 25 años de edad de diferentes países del mundo.

En cuanto a la etiopatogenia, la obesidad y el sobrepeso son condiciones médicas muy complejas en las que están implicados múltiples factores: genéticos,  metabólicos, psicosociales y ambientales. Aunque las variables genéticas son muy importantes, pocos genes se han identificado como causa directa de esta enfermedad. La vertiginosa rapidez con la que está creciendo parece indicar que este incremento está principalmente relacionado con los factores psicológicos y ambientales, tales como unos hábitos de alimentación inadecuados y un importante déficit de ejercicio físico.

Dadas las características epidémicas que ha tomado la problemática de la obesidad infantil  podemos observar como en el transcurso de los años la investigación en torno a su tratamiento ha ido tomando un papel cada vez más importante. Teniendo en cuenta que las posibilidades de mejora descienden tal y como avanza la edad y que cuando antes debutan o más duran los problemas de obesidad mayores son los riegos, resulta crucial una intervención para prevenir y curar. Debido a la naturaleza multifactorial del trastorno, en la actualidad la opción más utilizada y que parece más eficaz para el tratamiento de niños con obesidad son programas multidisciplinarios que combinen dieta, ejercicio físico y mejora en algunas habilidades psicológicas. En los últimos años estamos presenciando un aumento de guías clínicas que pretenden asegurar una mejor praxis y aportar un soporte para la práctica clínica basado en evidencia científica. Las terapias más utilizadas son la terapia cognitivo conductual y la orientación médica que incluye, entre otros tratamientos, la cirugía, la cual se emplea para casos limitados y muy graves.

Las terapias cognitivo conductuales se emplean especialmente en programas con pacientes ambulatorios. Las técnicas cognitivo comportamentales son consideradas como importantes herramientas para la modificación de conducta en los niños. Por ello, se recomienda la utilización de protocolos de tratamiento donde se apliquen estas técnicas para crear o reforzar los hábitos alimentarios adecuados y evitar cualquier desarrollo de trastorno alimentario. Esta terapia ha demostrado ser clínica y estadísticamente eficaz con efectos positivos a corto, medio y largo plazo (Kelly & Kirschenbaum, 2010).

Que la obesidad infantil está tomando cada vez más importancia a nivel de salud es una cuestión indiscutible en nuestra sociedad, por ello es importante el estudio de variables o factores que influyen en ella para poder diseñar y aplicar tratamientos eficaces o en el mejor de los casos, trabajar en la prevención de la enfermedad. Hoy es ampliamente conocida la influencia de los factores psicológicos en la conducta alimentaria de las personas obesas, sin embargo, está relación variará y dependerá de las características del individuo, no desempeñando la misma importancia en todas las personas.

IVAPSAN Psicólogos (Valencia)

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