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Publicado por en jul 2014 en Blog | 2 Comentarios

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA: ANOREXIA Y BULIMIA NERVIOSA

TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA: ANOREXIA Y BULIMIA NERVIOSA

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Desde hace ya algunas décadas y debido muy especialmente a la elevada incidencia en población adolescente, los trastornos de la conducta alimentaria se han incorporado al acervo popular y han trascendido como un objeto de estudio central entre la comunidad de expertos en salud mental. Frecuentemente escuchamos hablar de la anorexia o la bulimia nerviosa en la televisión, o leemos sobre el tema en libros y revistas (no sólo especializadas) sin embargo, siguen siendo grandes desconocidas para muchas personas, las cuales confunden sus síntomas, creen que son sinónimos o atribuyen dichos trastornos a cualquier problema que exista en la alimentación de alguna joven.

En este artículo vamos a intentar dilucidar cómo se manifiestan estos trastornos, cuáles son sus características y algunos de los factores de riesgo que están presentes en el momento de su desarrollo. Dentro de las dos principales clasificaciones diagnósticas que existen en la actualidad (CIE y DSM) se describen numerosas alteraciones clínicas de la conducta alimentaria, sin embargo en este artículo (por motivos de extensión) sólo nos vamos a centrar en la Anorexia Nerviosa (AN) y la Bulimia Nerviosa (AN y BN en adelante, respectivamente), dejando para próximas entradas de nuestro blog otros trastornos que afectan a la alimentación.

Tanto la AN como la BN son trastornos psicológicos que suponen una fuerte alteración en el proceso de la ingesta de alimentos. En ambos casos, las personas que sufren estos trastornos se caracterizan por una sobrevaloración de la imagen corporal en su autoconcepto y por un miedo intenso a convertirse en obesas. De manera externa se pueden hacer explícitas estas alteraciones en forma de dietas prolongadas y muy restrictivas, ayunos, negativa a comer algunos alimentos muy concretos (alimentos “prohibidos” por su alto contenido calórico o cualquier otra cuestión), vómitos autoinducidos, atracones, pérdida de peso, amenorrea (cese de la menstruación), uso abusivo de laxantes o enemas, etc. sin embargo, el origen de todos estos síntomas se encuentra en una alteración psicológica que permite dotarlos de coherencia explicativa. En este contexto, por ejemplo, es muy frecuente encontrar problemas graves de autoestima, miedos e inseguridades, alta insatisfacción personal, distorsiones en la percepción del propio cuerpo, ideas equivocadas respecto al peso y la comida, ansiedad, depresión, etc. Por tanto, estamos hablando de enfermedades complejas y graves en las que la intervención resulta imprescindible no sólo cuando la persona ya manifiesta los síntomas descritos, sino también en aquella población que presenta varios factores de riesgo en su contexto personal y familiar (prevención secundaria).

Estos trastornos afectan mucho más a mujeres que a hombres, aunque en los últimos años la prevalencia en sexo masculino ha experimentado un fuerte incremento. Además, su frecuencia es mayor en sociedades desarrolladas, donde abunda la comida y las culturas enfatizan la belleza de la delgadez. Sea como fuere, la AN y la BN interfieren en el funcionamiento diario de las personas afectadas, tanto a nivel de estudios, como laboral y/o social.

ANOREXIA NERVIOSA

La AN es un trastorno que ya mereció ser objeto de estudio en épocas antiguas. Existen manuales de autores clásicos donde se explica la vida de algunas santas y se describen todas las manifestaciones del trastorno similares a como las conocemos en la actualidad  (ayunos, ejercicio físico extenuante). Como descripción clínica apareció por primera vez en 1873 con la etiqueta de “constitución nerviosa”, clasificándose un año más tarde como anorexia nerviosa por Gull (1874).

Las personas con AN muestran una serie de conductas encaminadas a la reducción de la ingesta y al aumento del gasto energético. Recurren a largos períodos de ayuno o dietas muy restrictivas para conseguir una disminución (cada vez mayor) del peso corporal. Tras la ingesta de alimentos suelen compensarlo con ejercicio físico extenuante para quemar las calorías ingeridas o en algunos casos (menos frecuentes) con algún tipo de purga, bien sea vómitos o métodos laxantes, diuréticos o enemas.

Clínicamente se caracterizan por un rechazo o negativa a mantener el peso por encima del mínimo recomendado para su edad y talla, junto a un intenso miedo a aumentar de peso (a pesar de encontrarse la persona por debajo del considerado como saludable). Presentan una alteración en la percepción de su imagen corporal, sobredimensionando las medidas reales que tienen, es decir, creyendo firmemente que están mucho más gruesas de lo que realmente se aprecia con métodos objetivos (como el IMC o el pliegue graso para evaluar el tejido adiposo subcutáneo). Además, muestran una influencia exagerada de la silueta y del cuerpo en su autoevaluación (no sólo física, sino integral).

Dentro de la anorexia se distinguen dos subtipos: el subtipo compulsivo/purgativo caracterizado por episodios recurrentes de sobreingesta durante el período de anorexia y el subtipo restrictivo, cuando la persona no recurre regularmente a atracones ni a purgas.

La AN suele aparecer al inicio de la adolescencia (alrededor de los 15 años), aunque esto no es determinante: Puede darse antes (anorexia infantil) e incluso observarse un primer episodio en personas mayores.

BULIMIA NERVIOSA

Las personas que sufren BN suelen alternar períodos de restricción alimentaria con episodios de sobreingesta. La característica principal es que tras un período de reducción de la ingesta (dieta), aparecen frecuentes atracones de comida seguidos de vómitos autoinducidos para prevenir un posible aumento de peso (aunque también puede observarse el consumo de laxantes o diuréticos como método purgante alternativo o combinado). Al igual que en la AN, todo lo descrito va unido, además, a un fuerte temor a engordar.

Las personas que sufren este trastorno suelen ser mujeres con un peso normal en función de su talla y edad. Generalmente suele aparecer más tarde que la AN, alrededor de los 17-18 años. Como fenómeno clínico no presenta unas características tan acusadas como la AN, por lo que suele pasar más desapercibido para familiares y amigos. A menudo debuta con episodios restrictivos (como la AN), aunque a medida que aumenta la restricción se incrementan paralelamente el número e intensidad de los atracones.

En este caso también se distinguen dos subtipos de BN, la bulimia tipo purgativo y la bulimia no purgativa (en función de si se utiliza o no algún método para prevenir el aumento de peso asociado a los atracones alimentarios).

ASPECTOS COMUNES

Aunque se trata de dos trastornos diferenciados, tal y como hemos visto anteriormente, mantienen toda una serie de características comunes. Es habitual encontrar en los dos trastornos una serie de creencias irracionales (rígidas y extremas) relacionadas con la alimentación, el peso/silueta y la importancia de la imagen corporal. Estos pensamientos ejercen un papel mantenedor en ambos trastornos alimentarios, y por eso mismo se consideran enfermedades con una sólida base cognitiva. Es esencial en el programa de tratamiento trabajar estas ideas disfuncionales para garantizar la mejoría del paciente y fortalecer la prevención de recaídas.

Otro aspecto común de los dos trastornos es la insatisfacción corporal y la alteración en la percepción subjetiva del propio cuerpo. En ambos casos, las pacientes tienden a sobredimensionar el tamaño de su cuerpo (o partes específicas de él), percibiéndolo mucho mayor de lo que realmente es. Parece ser que el alto nivel de insatisfacción corporal que muestran se asocia a una alteración de su percepción física. La importancia que conceden a su cuerpo hace que esta percepción les cause altos niveles de ansiedad y haga disminuir drásticamente su autoestima, situación que empeora el estado emocional e incrementa el malestar.

Junto a todas estas manifestaciones, en las pacientes aparecen una serie de sentimientos negativos que agravan todavía más la expresión del cuadro patológico. El miedo que experimentan relacionado con sus límites corporales (silueta, peso, etc.) facilita severas reacciones ansiosas que hacen más difícil lidiar con lo cotidiano. Los sentimientos depresivos también son comunes: así pues, la tristeza y el llanto son manifestaciones emocionales que acompañan a diario a estas jóvenes. Se ha demostrado que la inanición es (al menos en parte) causante de este estado de ánimo, por lo que una vez restaurada la alimentación equilibrada suelen mejorar su afecto (reducción de los síntomas ansioso-depresivos).

Junto a todo lo aquí descrito se unen problemas en las relaciones sociales. Suelen convertirse en jóvenes cada vez más solitarias, pues tienden a aislarse del grupo de iguales por temor a ser juzgadas. Poco a poco pueden llegar a generar una relación de dependencia hacia una persona (restricción del espacio social), bien sea alguno de sus progenitores, hermana o pareja; lo que provoca que éste (el cuidador principal) viva la situación como un fuerte estresor que deteriora el vínculo existente entre ambos. A menudo se trata de enfermedades incomprensibles para las personas cercanas, pues les resulta muy complicado entender cómo son capaces de verbalizar que están gordas cuando en realidad tienen cuerpos huesudos, o cómo no pueden resistir el impulso de ingerir cantidades de comida que sobrepasan con creces lo considerado “normal” por la mayoría de la gente. Por ello resulta fundamental trabajar también con los familiares, ya que son una pieza clave en cualquier tratamiento psicológico que persiga la excelencia.

FACTORES DE RIESGO

Para los trastornos de la conducta alimentaria (debido especialmente a su complejidad) no se ha descrito una causa explicativa que, por sí misma, detalle exhaustivamente los factores de riesgo que subyacen a ellos. Sin embargo se ha conseguido detallar una serie de características que al confluir aumentan la probabilidad de sufrir estos trastornos. Estamos hablando de los factores de riesgo que pueden ser tanto de carácter cultural como personal, familiar y/o genético.

En cuanto a los correlatos genéticos, existen una serie de investigaciones en la literatura científica que han demostrado una relación estrecha entre estos trastornos y el acervo hereditario. Aunque se desconocen cuáles son los genes concretos que apoyan esta ligazón, se han reconocido algunas características familiares (variables indirectas) que pueden ser partícipes de ella, como son: parientes de primer grado afectados por algún problema alimentario o trastorno emocional (depresión o ansiedad), problemas de obesidad materna y pertenencia a una familia de estatus socio-económico alto. En los últimos años este último factor de riesgo está perdiendo importancia, puesto que se están dando casos de trastornos alimentarios en cualquier familia independientemente de su posición social y poder adquisitivo.

Otro factor de mucho peso es la importancia concedida socialmente a la delgadez. Sobre todo, en las sociedades occidentales se ha desarrollado un estándar de belleza donde se enfatizan los cuerpos delgados y esbeltos. En muchas ocasiones, destacan y se les da publicidad, por su supuesta belleza, (tanto en televisión como en revistas u otros medios) a jóvenes tan delgados que su constitución física resulta insalubre a todas luces. En ciertos países, como los del continente africano (en los que no se observa esta intensa presión social hacia la delgadez), apenas se encuentran casos de trastornos de la conducta alimentaria. Sin embargo, se han estudiado las pautas de alimentación en jóvenes africanos que han emigrado a países norteamericanos o europeos y el porcentaje de casos ha aumentado también en esta población (lo que subraya la importancia del contexto en el desarrollo de este problema). Resulta crucial, por tanto, que a nivel gubernamental se pacten regulaciones legales para hacer frente a una estrategia publicitaria que lleva a la muerte a un gran número de personas cada año.

Tras muchas evaluaciones a jóvenes con BN o AN se ha llegado a la conclusión de que uno de los factores desencadenantes de las restricciones alimentarias o las dietas rígidas y estrictas que se dan al inicio, suele ser una crítica o algún comentario hacia su cuerpo. En muchos casos estas jóvenes tienen antecedentes de sobrepeso u obesidad en la niñez o  pre-adolescencia. Cualquier observación por parte de algún familiar y/o algún tipo de burla en el colegio referida al cuerpo, se convierte en un hecho de gran importancia dentro de la cadena causal que conduce al desarrollo de estas enfermedades.

Por supuesto, dentro de todo este abanico de factores, la autoestima de las jóvenes se va viendo mermada progresivamente y todos los síntomas propios del afecto negativo (depresión, tristeza, llantos, etc.) van floreciendo y exacerbándose a medida que la joven se adentra en un cúmulo de cogniciones pesimistas reiteradas sobre la figura, el peso y la alimentación; intentando conseguir un ideal de belleza imposible de alcanzar para la mayoría de las mujeres.

IVAPSAN Psicólogos (Valencia)

2 Comentarios

  1. Tengo un hijo de 19 años recién cumplidos que ha repartido en varias ocasiones atracones de leche con galletas y chocolate seguidos de vómitos que he descubierto por casualidad , qué puedo hacer o dónde lo llevo para que confirmen o no si padece uno de estos trastornos?
    Gracias

  2. Gracias!!

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