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Trastornos alimentarios

Tanto la anorexia como la bulimia son dos de los trastornos alimentarios más conocidos y que mayor repercusión han tenido en los medios de comunicación. Desde su descripción inicial, han sido trastornos que han afectado principalmente a mujeres jóvenes de entre 14 y 18 años. Actualmente, la prevalencia sigue siendo mayor en mujeres pero está aumentando la incidencia de casos en la población masculina. Además el intervalo de edades está ampliándose y ya no son infrecuentes los casos de primer diagnóstico en personas adultas.

Estos trastornos, en sus fases más crónicas y graves, son especialmente peligrosos por el elevado porcentaje de mortalidad que acarrean. En su esencia, estamos hablando de trastornos donde una persona lleva a cabo conductas que deterioran su salud y ponen en peligro su vida.

El tratamiento psicológico de estos trastornos se fundamenta básicamente en el trabajo de los pensamientos distorsionados de los pacientes, así como la mejora de su percepción corporal ajustándola más a la realidad. En los casos más graves es necesario el ingreso de los pacientes en las Unidades de Trastornos Alimentarios de los hospitales especializados donde en primer lugar se realiza una rehabilitación nutricional, básica y necesaria para los procesos terapéuticos posteriores.

Otra problemática alimentaria que podemos encontrar son los atracones. El trastorno por atracón se define como una necesidad incontrolable por comer grandes cantidades de comida en un corto periodo de tiempo (entendemos por grandes cantidades, aquello que para la mayoría de personas sería excesivo). Tras estos periodos de ingesta no se produce ninguna conducta compensatoria para disminuir o eliminar las excesivas calorías ingeridas. No está considerado un trastorno específico por ninguna de las dos clasificaciones más importantes de los trastornos mentales, sin embargo se está debatiendo la necesidad de incluirlo en sus próximas ediciones y dotarle de la importancia clínica que merece, dada su alta prevalencia.

En estos casos, el tratamiento psicológico se dirige a trabajar las emociones asociadas y la falta de control de los impulsos por parte de la persona frente a la comida. Además se tiene en cuenta los hábitos de la persona y se implanta un estilo de vida más saludable.